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Esta Revista electrónica fue dirigida hasta marzo de 2003 por la Lic Patricia Sorokin. El material reunido se conserva a efectos de su archivo y cita

GRAYEB, SILVIA:

SALUD, NUTRICIÓN, Y ADICCIONES: UN ENFOQUE  HOLÍSTICO

                                                                                                         

El enfoque holístico en el abordaje de la problemática de la salud y sus desvíos, incluyendo a las adicciones, consiste en ver al hombre con una concepción integral, abarcativa, no solamente considerando sus aspectos físicos, sino también los afectivo-emocionales, mentales y espirituales; como así también sus relaciones interpersonales y su interacción con el medio ambiente.

Observando la naturaleza nos damos cuenta de su armónico y perfecto funcionamiento; reconociendo sus leyes, notamos que todo en ella tiende hacia un estado de equilibrio, cuando un factor se altera o modifica, todos los restantes tienden a efectuar los ajustes pertinentes para volver a restablecer la armonía.

El hombre en su evolución y desarrollo tecnológico, ha ido modificando este equilibrio, muchas veces sin tener conciencia del alcance y consecuencias de sus acciones.

En la actualidad, el ritmo vertiginoso que adquirió el desarrollo de la tecnología y la industrialización, con avances impensados unas décadas atrás, alteró profundamente el medio ambiente cambiando muchas de sus condiciones. Así observamos cambios climáticos, contaminación ambiental, aumento de las radiaciones; entre otros; que afectan directa o indirectamente a nuestro organismo.

Por lo tanto el hombre trata de adaptarse lo mejor posible a este nuevo entorno; y si bien posee gran flexibilidad y capacidad de adaptación; lo hace con tan alto costo, que muchas veces es a expensas de su salud.

Un ejemplo de ello, lo encontramos en el interior de los procesos quimicos del cuerpo, y es el creciente aumento de radicales libres que genera el organismo en respuesta a los cambios ambientales anteriormente mencionados.

Ahora bien, esta generacion ¿tiene alguna influencia negativa para la salud?. Para contestar a esta pregunta debemos efectuarnos una adicional, que consiste en precisar qué son los radicales libres.

Son sustancias químicamente inestables, es decir con alta capacidad para reaccionar en las propias membranas celulares, provocando trastornos, envejecimiento y posteriormente muerte celular, alterando de esta forma tejidos y órganos, predisponiéndolos a enfermedades.

Cuando evaluamos los condicionantes externos, por ejemplo las relaciones sociales: familia, pareja, amistades, laborales; donde se involucran aspectos afectivo- emocionales, debemos tener en cuenta que en la interacción cotidiana se pueden desencadenar situaciones, que pueden actuar como factores desestabilizantes, y consecuentemente generadoras de estrés.

Por lo tanto una medicina con criterio preventivo debe tener en cuenta esta multiplicidad de factores, o sea considerar integralmente al hombre y   sus circunstancias.

 El desequilibrio inicial es tan sutil, que es prácticamente imperceptible, y su única manifestación suele observarse en el campo energético del individuo, (objetivable con las fotos Kirllian),  no siendo advertido ni por aquel que sufre el desequilibrio, ni por un observador externo con herramientas de evaluación habituales de la práctica diaria. Por ello pueden sucederse estos estados, y pasar inadvertido durante años.

 Si persiste la causa desencadenante, esta  se instala a nivel mental y emocional, y se expresa con trastornos en estos planos, secundarios a los grados variables de estrés, para posteriormente manifestarse en el plano físico con síntomas de tal variabilidad, que es común que no encuentren correspondencia en los estudios rutinarios de diagnóstico, que  pueden no mostrar alteración, en contraposición a  la manifestación expresa de la persona  de su sensación de que algo no anda bien.

Posteriormente, desde estos síntomas se puede llegar al padecimiento de enfermedades en estado de cronicidad.

Es en este contexto donde surge con gran fuerza que un aspecto de suma relevancia en el proceso de salud-enfermedad, lo constituye el estado nutricional, comenzando por la alimentación. Tanto es así que lo consideraremos como el pilar básico y fundamental para el buen funcionamiento del organismo y por ende para la prevención de enfermedades.

Sin embargo, el común de la gente le resta importancia a este aspecto de su vida diaria, llegando al extremo de transgredir rutinariamente los conceptos básicos de balance alimentario, ingiriendo aquello que en forma mas fácil y rápida puede obtener, o que le resulte más sabroso, sin prestar la adecuada atención a la calidad del aporte en alimentos, que se entrega al complejo y delicado equilibrio que nuestro cuerpo representa.

Lo expuesto no ha tenido en cuenta que además existen costumbres y tradiciones sumamente arraigadas, que no son totalmente adecuadas para una excelencia en fisiología orgánica ni nutricional.

La publicidad, que favorece el consumismo, nos induce con informaciones  tendenciosas y no siempre del todo veraces, a masificar los consumos de todo tipo de oferta alimentaria, sin la correspondiente educación nutricional hacia el consumidor. 

Contribuye a ello el ritmo de vida acelerado que; tal cual fuera planteado; nos lleva a recurrir a comidas rápidas totalmente carenciadas y con gran potencialidad a presentar efectos adversos.

El hombre no es un sistema cerrado en sí mismo, sino que necesita efectuar permanentemente intercambios con su entorno.

Él toma del exterior, mediante la respiración y la nutrición, todos los elementos que necesita para mantener la integridad de su estructura, ya que ésta no permanece estable. Cuando es niño, en plena etapa de crecimiento, necesita aumentar su masa corporal y de adulto recambiar células y tejidos que constituyen los distintos aparatos y sistemas, además de reponer la energía que gasta en el trabajo diario.

Para ello necesita aportar con los alimentos las distintas sustancias que le son indispensables: hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y oligoelementos.

 A los fines de mejorar la comprensión de los aspectos fundamentales desde lo conceptual, de la importancia de incorporar a nuestro organismo aquello que más lo favorece, tomaremos una somera referencia acerca de las características de estos nutrientes  y de los efectos que traen aparejados sus carencias y las ingestas inadecuadas.

Los hidratos de carbono están ampliamente difundidos en la naturaleza, los encontramos en el azúcar, miel, vegetales de hoja, hortalizas, tubérculos, cereales, legumbres, frutas y lácteos.

Son sustancias que el organismo utiliza para obtener la energía necesaria para efectuar sus funciones vitales.

Se los clasifica en:

-Simples, aquellos formados por una o unas pocas moléculas como por ejemplo: la glucosa, o la sacarosa que es el azúcar común

-Complejos o polisacáridos, compuestos por muchas moléculas como el almidón,   contenido en tubérculos, cereales y legumbres.

 

El organismo para poder absorverlos y utilizarlos, debe degradarlos (transformarlos) a glucosa, o sea a moléculas pequeñas, para asegurar su distribución a través de la  circulación sanguínea.

Por eso los hidratos de carbono simples, tendrán una fácil asimilación, ya que rápidamente están en condiciones de pasar a la circulación sanguinea, a diferencia de los complejos, que previamente deben ser degradados, y van penetrando en forma paulatina, manteniendo nivel constante de energía y por períodos prolongados.

La alimentación convencional, al contener una excesiva   cantidad de hidratos de carbono simples, especialmente azúcar refinada, obliga al organismo; para mantener un nivel estable de glucosa en sangre; a neutralizar semejante avalancha, mediante una  acción hormonal a través de la Insulina, producida en el páncreas, que se encuentra obligado a segregarla en exceso, provocando desequilibrios bruscos entre hipo e hiperglucemia, totalmente perjudiciales al nivel estable que el organismo debe mantener, y colocando al páncreas en  hiperfunción casi permanente, lo que podría conducir a enfermedades.

Resulta más recomendable incorporar hidratos de carbono complejos, que no provocan esos desequilibrios de glucosa sanguínea, sobre todo consumiendo cereales integrales, tales como: trigo, maíz, mijo, avena, cebada y centeno.

Desde lo conceptual, un cereal integral es aquel en el que el grano está entero. Posee su corteza externa que contiene fibras o salvado, vitaminas, minerales y oligoelementos.

Además posee el germen, rico en proteínas, minerales, vitaminas y aceites, o sea todos los elementos que le dan su capacidad germinativa.

Con el proceso de refinación, se le extrae por una parte el salvado y por otra el germen, quedando el almidón totalmente desvitalizado. En el caso de las harinas, se fraccionan en hidratos de carbono más simples, lo que les agrega el rótulo de alimentos “que engordan”.

Lo paradójico, es que por un lado se efectúe el proceso de refinado del grano y luego se le vuelva a adicionar en un segundo proceso, el salvado, por los reconocidos efectos beneficiosos de las fibras.

Pero no escapará a la percepción del lector, que no es lo mismo mezclar por separado elementos muertos, que ingerir un grano entero, con su capacidad y energía intacta para desarrollar en un proceso germinativo, una planta completa.

Las proteínas son sustancias químicas complejas, formadas por otras más simples, los aminoácidos. Hay más de veinte clases de éstos, y a la mayor parte de ellos el organismo puede fabricarlos por si mismo, y desde ellos sintetizar sus proteínas.

Pero hay otros, unos ocho en total, que deben  indefectiblemente ser recibidos de la alimentación ya que los procesos químicos del cuerpo, no pueden formarlos (sintetizarlos), de allí que se llamen esenciales pues la carencia de alguno de ellos le impedirá al organismo formar sus propias proteínas.

En su conjunto, las proteínas, cumplen numerosas funciones, las cuales pueden a grandes rasgos pueden describirse manifestando que forman parte de la estructura o armazón de los tejidos, participan en la composición química de hormonas y enzimas, como también de las  inmunoproteínas.

La naturaleza, puede proveernos proteínas de origen animal, que son completas pues poseen todos los aminoácidos esenciales, y se las encuentra en las carnes rojas, aves, pescados, huevos, leche y derivados.

También las de origen vegetal, que no siempre son completas, las encontramos en los cereales integrales, legumbres, semillas oleaginosas, frutas secas y en menor cantidad en el resto de las verduras y frutas.

La ingesta de alimentos de origen vegetal exige combinaciones, a los efectos de asegurar el ingreso de proteínas completas, por ejemplo si combinamos cereales integrales con legumbres, nos aseguramos de ingerir proteínas completas o sea con todos los aminoácidos esenciales.

Actualmente existen profundas revisiones acerca de la cantidad de proteínas diarias requeridas, y se tiende a considerar que no resultaría necesario incorporar grandes cantidades de proteínas, y que un valor cercano a un gramo por kilo de peso sería una cantidad aconsejable, ya que mayores cantidades podrían ocasionar sobrecarga renal y de otros órganos  o sistemas, y predisponer a enfermedades.

En cuanto a las grasas, éstas pueden ser de origen animal o vegetal.

Las de origen animal, se caracterizan por ser saturadas, en cuanto a su estructura química.

Esto les otorga ciertas particularidades, como que a temperatura ambiente se hallan en estado sólido y tienen una estructura molecular más rígida.

Las encontramos en las carnes y sus subproductos: fiambres y embutidos, en la piel del pollo, en la yema del huevo, en la grasa de cerdo y bovina, en la leche y derivados: manteca, crema, quesos, etc.

Las de origen vegetal en cambio, son insaturadas, lo que las caracteriza por estar en estado líquido a temperatura ambiente y tener una estructura flexible. Las encontramos en la mayoría de los aceites vegetales.

Dentro de este tipo de grasas se hallan los aceites esenciales, así llamados porque el organismo no los puede fabricar y necesariamente deben ser aportados por la alimentación.

Su función es formar parte de la estructura de las membranas celulares, manteniéndolas estables y flexibles, asegurando de esta forma la integridad y vitalidad celular.

Forman parte de las vainas y envolturas de los nervios; de las lecitinas (sustancias que tienden a bajar el colesterol); de las prostaglandinas (especie de hormonas celulares, que cumplen múltiples funciones); tienen  también, un importante papel en el equilibrio inmunológico, o sea en el sistema de defensa del organismo.

De allí se desprende la importancia que tiene su consumo, y que desgraciadamente por los procesos de industrialización y las altas temperaturas a los que se ven sometidos, los actuales aceites de cocina, se pierden las propiedades de estos ácidos grasos esenciales, por eso para asegurarnos su aporte debemos consumir semillas crudas de girasol, sésamo y lino, ya que al tostarse al calor se desnaturalizan, o bien aceites de primera presión en frío.

Las margarinas, si bien son de origen vegetal, por el proceso de industrialización, sus aceites son transformados en grasas saturadas presentando así,  semejantes características  que las de origen animal, es decir que favorecen el incremento de colesterol.

Las vitaminas son sustancias imprescindibles para el organismo, por participar como eslabón en la cadena de procesos metabólicos que en él se generan.

Muchas de ellas el hombre no las puede sintetizar por lo que debe incorporarlas de los alimentos.

Su carencia interrumpe esta serie de reacciones químicas, causando severos trastornos, dependiendo de cual sea la vitamina en cuestión; porque al ser parte integrante de las enzimas (que son catalizadores, aceleradores de los procesos vitales), se traduce en una disminución de la enzima correspondiente. De lo que se desprende que cada una tiene una función específica y no puede ser reemplazada por otra y además se complementan entre sí.

Se las encuentra ampliamente difundidas en los alimentos sobre todo en los cereales, legumbres, frutas y verduras

Para su mejor aprovechamiento, se aconseja: 

-    Comer verduras, hortalizas y frutas crudas y frescas.

·         Consumir cereales integrales.

·         Usar procedimientos de cocción para preservarlas lo mas naturalmente posible, como al vapor, escaldados, etc.

·         Evitar dejar las verduras en remojo por tiempos prolongados, ya que  las vitaminas que son hidrosolubles pasan al agua del lavado.

·         Tener en cuenta que los procesos de industrialización modifican las cantidades de vitaminas que naturalmente presentan los alimentos

 

Los minerales y oligoelementos son sustancias inorgánicas y como tales el organismo no las puede elaborar, sino que indefectiblemente debe incorporarlas de las comidas.

Forman parte del elemento metálico, en la composición química de numerosas enzimas, permitiendo de esta forma, efectuar las reacciones biológicas.

Intervienen en la producción de tejidos, en los mecanismos de oxidación y en la conservación del equilibrio ácido- base.

En este grupo de sustancias, hay elementos que se hallan en mayor proporción en el cuerpo y por lo tanto son fácilmente dosificables, como el hierro, el cloro, el sodio, el potasio, el magnesio, el fósforo entre otros; llamados genéricamente minerales. En cambio hay otro grupo que se encuentran en mínimas dosis, de allí su nombre de oligoelementos, entre ellos citamos: al manganeso, el cobre, el cobalto, el selenio, el litio, etc.

Estos elementos se hallan ampliamente difundidos en los distintos alimentos, razón por la cual, una alimentación completa y variada nos asegura sus aportes.

Debemos tener en cuenta, no solamente consumirlos en cantidades adecuadas, sino también  tomar en consideración a aquellas sustancias cuya ingestión facilita su pérdida, al interferir con su absorción, como por ejemplo: azúcar y golosinas, chocolate, alcohol, café, té, mate, o los medicamentos como la aspirina, los cigarrillos, y demás que provoquen acidez gástrica.

Por otro lado el  uso de fertilizantes y el empobrecimiento de la tierra, consecuencia de su uso indiscriminado hasta agotarla, hace que los vegetales no contengan la cantidad de vitaminas y minerales que naturalmente deberían tener, hace sumamente aconsejable consumir verduras provenientes de cultivos orgánicos y/o naturales, que además  protegen de los efectos de los plaguicidas y otros aditamentos nocivos.     

En resumen, el estado de salud, dentro del proceso salud-enfermedad, se relaciona con una buena nutrición, la cual se logra comiendo variado, en cantidades moderadas y seleccionando cualitativamente los alimentos, en cuanto a que sean frescos, naturales, con elaboraciones simples, sin cocinarlos demasiado, evitando el uso de saborizantes y aromatizantes artificiales, conservantes y agregados de sustancias químicas extraños a su composición natural, que muchas veces pueden resultar tóxicos.

Tomar conciencia sobre el aspecto nutricional y modificar malos hábitos dietéticos, implica también un cambio en el estilo de vida, y como consecuencia netamente favorable, establece una nueva correlación entre ese nuevo estilo, y la posibilidad de adquirir adicciones. 

Por todo ello, resulta imprescindible otorgar a la comida el rol que le compete, es decir como aportadora de cada uno de los elementos que necesita el cuerpo para estar sano, o sea optimizando procesos vitales.

Podemos por analogía, asemejar a nuestro organismo con un edificio; éste para su construcción necesita distintos elementos: cemento, cal, arena, ladrillos, etc., cuando se cuenta con cada uno de ellos la construcción será firme,  sólida, adecuada; Si por ejemplo carece de cal o las proporciones no son las correctas, la mezcla será defectuosa y la construcción endeble.

La mayoría de las veces nos dejamos llevar por los sabores, comemos porque es agradable, sin tener presente que basta un buen sabor para hacerlo conveniente, y sin reparar en el potencial perjuicio que nos estamos provocando.

Cada vez se ofrecen en el mercado mayor variedad de alimentos con exceso, tanto de azúcares refinados, como de todo tipo de saborizantes, tales como las golosinas, helados,  bebidas gaseosas o jugos artificiales que tienden a provocar adicciones, y como consecuencia de ellas a generar serios trastornos en el organismo.

El estrés cotidiano, las emociones mal canalizadas, entre otras causas, pueden llevarnos a buscar gratificaciones en la comida; como una vía de escape equivocada; a problemáticas afectivo-emocionales que tienen más que ver con la problemática del ser humano como una integralidad, como ser carencia en la visualización de objetivos de vida, desvalorizaciones personales, que se estimulan en una sociedad cada vez más competitiva, pero fundamentalmente la gran incógnita de quienes somos realmente y hacia donde nos conduce la evolución.

Esta problemática puede ser común a cualquier adicción, ya sea  alimentaria, incluyendo al alcoholismo, o al tabaquismo y otras drogas mayores.

El no conocerse profundamente a uno mismo y por ende al otro, tiende a la búsqueda de  sustitutos externos a una verdad que está muy adentro de cada uno, cuyo conocimiento  permitirá descubrir nuestras potencialidades existentes, el poder desarrollarlas para lograr una realización personal, que  es lo que nos permitirá gozar de una sensación de armonía y equilibrio, tanto interno como con nuestro entorno, lo cual constituirá sin lugar a dudas la principal prevención para todo tipo de adicciones .

 

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Última modificación:Lunes, 21 de Junio de 2004