Drogas - Opiniones - SOCIEDAD

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Esta Revista electrónica fue dirigida hasta marzo de 2003 por la Lic Patricia Sorokin. El material reunido se conserva a efectos de su archivo y cita

CALABRESE, ALBERTO:

DROGA O INDIGENCIA DEL PENSAMIENTO

En el desbordado mundo que nos toca vivir, se sigue padeciendo de distinta forma la imposición del doble discurso, que tiende a expresarse en el viejo adagio haz lo que yo digo, mas no lo que yo hago. Correspondiéndose con esto - y no con exclusividad, lamentablemente - tenemos una creciente ofensiva con respecto al problema originado en sustancias prohibidas (que afectan de una u otra forma la psiquis), centrada a través de funcionarios, comunicadores mediatices y ciudadanos "preocupados" en este "mal de males", que inunda el mundo y el bolsillo de muchos..... La Droga, en singular y mayùscula que de eso se trata, dejo de ser una cuestión de fármacos o cualquier muestrario de sustancias psicoactivas, para convertirse en El Mal. Cuando algunos objetos pasan de la enumeración taxativa y precisa, a convertirse en un uno, adquieren necesariamente una contradicción maniquea; necesitan al Bien que los pueda enfrentar. Y es asÌ que la lucha contra la droga; el flagelo del narcotráfico; la maldad del narcotraficante; siguen teniendo (y no descontemos a los adictos) enfrente a una innumerable cohorte de esforzados legionarios, que nos brindan con su inspirado ejemplo, su ideario y lucha, para embanderarnos detrás de sus nobles objetivos.

Pero se olvidan de algo. Estos discursos demoledores e inflamados, que tal vez tenìan sentido una dècada atrás, hoy suenan a hueco. Por què?. Porque el discurso postmoderno de la aldea y el mercado global, justamente subsumen categorìas y crean un mundo nuevo; asèptico, masificador y minizador (de fortunas y gentes), que populariza el consumo, lo establece como patrón y lo deja (y cada vez mas) para que lo miren por televisión.

La extraía  paradoja de esta propuesta seria algo así como, deseen todo lo que puedan, pero los que no pueden.... y estos son cada vez mas, se engrosan en forma desconcertante que quiso y no pudo; que pudo pero que falló o que no entendió las nuevas reglas de incorporación y exclusión mercadial. Y queda mucha gente en el camino y mucha mas que deberìa incorporarse y tampoco puede, sobretodo en los sectores juveniles de la sociedad. Entonces (oh coincidencia) resulta ser que hay que preocuparse por un futuro sin drogas para nuestra juventud. Para no sobrellevar solos la carga y con buenas estadìsticas en la mano, observamos que en los grandes centros consumidores del primer mundo, donde se dan los mayores vacìos de inserción laboral, es donde se incrementa el minitráfico y el consumo.

Una cuestión para tener en cuenta: si anteriormente afirmábamos que este consumo de los consumos por resumir todo lo que un individuo necesita para creer, superar la melancolìa, euforizarse, igualarse, sentirse bien o hiperactivo, etc., era una nueva forma de hiperconsumo, asì como hace mas de dos dècadas era una nueva forma de antinomia social; hoy es una nueva manera de incorporarse. A què?. A todo lo que se desea obtener. Porque otra categorìa (y fundamental) para entender el proceso que vivimos, es la inscripción con mayùsculas en la de mercancìa. Buscada y obtenida como recurso asociado al que se enuncia en el poder y se dignifica con el dinero. Y existe un discurso comunicacional que enfatiza a "la droga" justamente valorizándola por su peso en el mercado. Y esto es percibido fuertemente, por una creciente cantidad de deseos no canalizados, corporeizados en la ansiedad de muchos. La incorporación es posible, vía bingos, lotos y suertes varias, incluida "la droga". Cuando las sustancias se incorporan a lo cotidiano, pasan a ser una posibilidad de doble variante: la de su propia caracterìstica como sustancia ( de las consecuencias biológicas que fueren) y la de un medio hacia el fin deseado de la propuesta social global. Y surge la complicidad con muchas formas del poder. Por posesión o banalidad los adictos y los beneficiarios de los mismos, están entre nosotros.

Curiosamente un problema que comenzó a masificarse hace tres dècadas, su primera etapa fue de exclusividad en pequeños islotes en las capas altas o determinados personajes del arte o la bohemia; en la segunda ya incorporó cantidades y capas medias y de menores recursos; para hoy campear por sus fueros en todo el espectro social. Pero dado este nuevo paso, se hace cada vez más difícil establecer las diferencias. En los círculos concéntricos que pueden ejemplificar una estructuración social, se hace más difusa la zona de pertenencia (en el sentido del comportamiento esperado) porque la masificación de un consumo, lo torna conducta incorporada. O sea no se percibe como transgresión, sino como incorporación. Por lo tanto, son más dificultosos los caminos separados, pasan a las zonas grises. Como no se entiende el fenómeno y su evolución, el discurso involuciona y persiste en manejarse con una retórica digna de la Época de la Ley Seca. Y sus objetivos señalados y perseguidos, se definen en tèrminos guerreros. Pero si el "enemigo" esta incorporado (o desea serlo) dónde está el "enemigo"?. La increíble figura de lo malo, se desdibuja por la poco creíble figura de lo bueno. Sobretodo cuando se concretan en personajes de carne y hueso, que en forma indistinta pasan de la condena al buen ejemplo; de ser considerados incurables a lideres de campabas antidrogas; de vendedores de drogas prohibidas a "enfermos" y "curados" en tiempos muy cortos. El discurso se encuentra fragmentado, porque no es consistente. Pretende enunciar algo negativo, claramente ofensivo, disoluto desde un saber que se encarna como elemento "cientÌfico" en sucesivas puestas de escena; donde se pretende asustar desde nuevas pruebas de la certificación biológica del mal. Tendremos que afirmar una vez más, que lejos est de nuestro pensamiento y practica, el creer que un adicto no padece o su familia o de alguna manera la sociedad que lo alberga.

Lo que se quiere subrayar es que la condena, siquiera verbal en el momento actual y pretendiendo acentuar algunos aspectos de la ley, solo refleja la incapacidad de interrogación sobre un fenómeno, que el discurso lo pretende en la periferia, pero desde otro lado lo invita al centro. O dicho de otro modo; ciertas discriminaciones acentùan (cuando se perciben falsas) el proceso de incorporación al consumo de drogas. Y falta entender además como se estructura la demanda, que aunque parezca obvio, no se la sabe diferenciar. No olvidemos que no solamente el narcotráfico, aparece como una imposición externa; el discurso de protección social; lucha contra el narcotráfico como eje convocante es tambièn impuesto y obedece a fuertes presiones para que tome una total legitimación y abarque mayores sectores de lo cotidiano. Suele ser también un estimulo para que crecientes recursos se vuelquen a esta "lucha". No es el fin de este artìculo el desestimar la necesidad social, que crecientes sectores de población se hundan en un consumo perjudicial para una estructura social posible. Pero falta el entendimiento de sus verdaderas causas y el consiguiente debate de ideas y propuestas que las analicen y puedan dar como resultado establecer el orden de prioridades que desplazan al verdadero entendimiento sobre su producción y mecanismos reproductivos. La oferta se instala sobre la demanda y cuando encuentra razones objetivas para su expansión, despliega mayores sutilezas para ampliarla. Es este un juego facilitado, de momento que se elude la objetividad y se hace aparecer a todo el conjunto social como inerme frente a la presencia de la droga. Se sigue apelando al falso criterio de convertir a lo inerme en activo, con posibilidades de instalación por fuerza propia. Se elude en cambio entender que la masificación de un fenómeno, obedece a razones profundas inscriptas en las nuevas formas de la estructuración social o mejor dicho de su desestructuración. Y también la nuevas -y sutiles- maneras del control social. De ahí que, los conflictos que aquejan al conjunto de la sociedad se analizan en cuatro ejes:

a) Uno de vertical que opera de arriba hacia abajo (imposición) que tanto puede provenir del que oferta un consumo determinado, como de quien o quienes imponen el concepto de "lucha";

b) Otro inverso, también vertical, pero en sentido contrario (de abajo hacia arriba) que se juega incluso brutalmente por la necesidad de incorporación a lo percibido como poder-prestigio;

c) Un tercero horizontal, que juega las tensiones en el mismo plano, para analizar la nueva estructuración propuesta (enfrentamientos entre similares);

d) Como resultante del anterior, la solución cosmética de proponer el cambio, frente a lo que se significa como "diferente", "peligro" o similares, cuando el verdadero cambio lo es frente a las situaciones que crean falta de verdadera inserción y no de algo que en definitiva es la muestra cabal sintomatológica del malestar cultural y social.

Las dos Últimas obedecen a la necesidad de exclusión del entendimiento y acción en la génesis fenoménica de esta pulsión social.

Cuando teóricamente debería cerrar el sentimiento "inclusivo", esto es de no ser por este fenómeno, todo andaría bastante bien, resulta ser que las variables socioeconómicas se desajustan, vía paradojal del ajuste. Y en el mayúsculo descalabro que se produce, se acentúa la paradoja "todo para elegir", pero menos accesible. Y con una competencia feroz, y el mundo conocido -institucional, de escala valorativa, normativa, referencial- decae, se desdibuja. En esta fuerte falla se reinstala "la droga", las drogas y en realidad estas y otros sucedáneos.

Y curiosamente y como contrapartida el discurso oficial, vuelve a remarcar los axiomas que no dan cuenta de los cambios sufridos. En ese campo cuándo se significa el adicto?. No en su temprana inclusión, sino cuando cae en las sucesivas redes de los campos jurÌdico-penales. ahí encuentra finalmente, mucha de su razón de ser. Socializándose en el submundo delictual que debe recorrer. Falto de propuestas e ingresado al mundillo de las drogas sin sentimiento de subversión, encuentra las nuevas afinidades en el espacio de la condena formal. No crea, asimila la contracara del sistema. Se podrá decir pero es que acaso, en los paisajes desarrollados no existen?. SÌ, pero obedecen en todos los casos a un común denominador. Sino no habría comparación posible. El común denominador creciente, es un mundo monolítico en los mensajes de la media, que no deja resquicios para los proyectos estructurantes y propone en cambio, un igualador sistema de necesidades impuestas.

Este es el paisaje común. Una humanidad descarnada de identidad, que se la supone independiente e individual, por la "personalización" de una compra. Y ahí, el supraobjeto, que además de los cambios biológicos concretos que permite, penetra en el imaginario del que lo consume, para florecer en todo lo que desea. Bueno, malo, injusto o placentero, aunque en definitiva destructivo, permite la idealización, con la contrapartida de mal totalizador como lo configura el contexto social

Esto es lo que no se quiere admitir. Mejor hablar de invasiones tenebrosas o que el infecto virus cada vez cobra más víctimas.

Redoblar sobre el lugar equivocado y negar lo evidente. Tero y avestruz combinados, esto es lo que nos ofrece el panorama de los "preocupados". Y esfuerzo y recursos mal empleados, en tratar de calmar el mar agitado, en base al expediente de derramar aceite. Justamente, el clamor es tan grande, que no se lo puede calmar. Porque obliga a un replanteo honesto del camino recorrido. Porque indica que mucho de lo andado, debe ser transitado en otra dirección. Porque obliga a pensar que es lo que pasa, cuando las sumatorias no son aisladas, sino por centenares de miles.

Queda por delante el desafío; no bastan ni "la lucha", ni la "reducción del daño", en tal caso paliativos, sino adueñares de los principios rectores del acontecer social: captación de las necesidades, propuesta de objetivos, discusión de las diferencias, formalización de proyectos, sentido para el sin sentido. Las drogas forman parte de ese sin sentido, pero lo adquieren cuando escasean las alternativas para un verdadero cambio.

La verdadera propuesta es la transformación. Hoy las drogas caracterizan un problema social global o sea un problema para todos; abarcativo, no deja edad, ni sector social, ni ámbito geográfico sin tomar. Y un problema de todos debe ser tomado por todos, con voluntad de protagonismo y con verdadera vocación preventiva. promoción con transformación, adquieren la figura de un sentido concreto.

Si queremos el cambio este es el camino a recorrer.

 

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Última modificación:Lunes, 21 de Junio de 2004